Relaciones personales

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Relaciones personales

relaciones personales

Ser feliz a partir de las relaciones

Las buenas relaciones consisten en utilizarlas para el fin que les es propio, y no para el que las personas les han designado. Las relaciones son una prueba constante; constantemente invitan a crear, expresar y experimentar las más elevadas facetas, las mayores visiones, las más magnificas versiones de las personas. Son en sí, el modo más inmediato, efectivo e inmaculado de crecer y evolucionar como seres humanos. Es por ello, que sólo a través de las relaciones con otras personas, lugares y acontecimientos podemos existir como personas, como algo cognoscible e identificable. Por lo tanto, consideremos cada relación como especial y constitutiva, con lo que queremos ser o elegir en relación a ella.

Relaciones humanas individuales de tipo romántico

Las relaciones amorosas fracasan o cambian más a menudo cuando se han iniciado por razones no totalmente beneficiosas, es decir se iniciaron por razones equivocadas. La mayoría de la gente inicia relaciones con las miras puestas en lo que puede sacar de ellas, en lugar de en lo que puede aportar a ellas. El objetivo de una relación es decidir qué parte de uno mismo quisiera ver descubierta; no qué parte de la otra persona se puede capturar y conservar. Resulta muy romántico que no somos “nada” hasta que llega otra persona tan especial; pero no es cierto. Y, lo que es peor es que comenzamos a cambiar lo que no somos y presionamos sobre esa persona, forzándola a ser toda una serie de cosas que no es. Al no querer desengañarnos, tratamos con gran esfuerzo de ser y hacer esas cosas, hasta que ya no podemos más.
Ya no se puede completar el retrato que nos hemos forjado de él o ella, o ya no podemos desempeñar el papel que venimos desempeñando para quedar bien y, entonces surge el resentimiento, la frustración y en extremo el cólera. Finalmente, para salvar la relación, esa otra persona empieza a recuperar su autentico yo, actuando mas de acuerdo con lo quien realmente es. Y en ese momento es cuando decimos que realmente la persona ha cambiado.
Por lo anterior, es muy común decir que ahora que esa persona especial ha entrado a nuestras vidas, nos sentimos completos. Pero el objetivo de la relación no es tener a otra persona que te complete, sino tener a otra persona con la que compartir tu completitud. He aquí la paradoja de todas las relaciones humanas, no necesitamos a una determinada persona para experimentar plenamente quienes somos y, sin un otro, no somos nada. La prueba de nuestras relaciones se ha referido al hecho de hasta qué punto la otra persona se ajusta a nuestras ideas, y en qué medida consideramos nosotros nos ajustamos a la de ella.
En realidad, las relaciones son sagradas porque proporcionan la grandiosa oportunidad en la vida de crear y producir la experiencia de nuestro más elevado concepto de nosotros mismos. Las relaciones fracasan cuando las consideramos como una oportunidad de crear y producir la experiencia del concepto de otro.
Parece extraño, decir que en la relación con otra persona, cada uno se preocupe, no del otro, sino sólo y únicamente de sí mismo. El hecho de centrarte en el otro, de obsesionarte con el otro, es lo que hace que las relaciones fracasen. ¿Qué es el otro? ¿Qué hace? ¿Qué tiene? ¿Qué dice, quiere o pide? ¿Qué piensa, espera o planea? No importa lo que el otro sea, haga, tenga, diga, quiera o pida. No importa lo que otro piense, espere o planee.
Solo importa lo que cada uno de nosotros hagamos en relación con ello. La persona que más ama es la persona que está centrada en Sí misma. Suena radical, pero si lo observamos con atención, si no nos amamos a nosotros mismos, no puedes amar a otro, no puedes dar lo que no tienes. Mucha gente comete el error de tratar de amarse a Sí misma a través de otros. Por supuesto, no se dan cuenta de que lo hacen, ya que no se trata de un esfuerzo consciente, sino algo que se da en la mente a un nivel muy profundo, el subconsciente. Piensan; “si puedo amar a otros, ellos me amaran a mí, entonces seré alguien digno de ser amando y, por lo tanto, Yo me amaré a mí mismo”.

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